11 de enero de 2014

11 de enero de 2014

Quien lea esto y sea de aquí, ya se podrá imaginar lo bueno que estaban los calçots. Para el que sea de fuera, decirle que un calçot viene a ser una cebolleta tierna que cocinamos a fuego vivo (en mi caso resistencias eléctricas ardientes) hasta que se quema la piel exterior, y de la que comemos la parte interior (extrayendo la piel con artesanía) y acompañándola con una salsa romesco.

Por lo general, la calçotada (nombre que define la ingesta desmedida de estos calçots) se acostumbra a acompañar de carne a la brasa, buen vino y crema catalana de postre (aunque en mi caso me temo me salté lo del vino y lo de la carne). Se acostumbran a hacer en formato popular o familiar, siendo la más popular al de Valls (pueblo de la provincia de Tarragona)

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