9 de enero de 2014

9 de enero de 2014

De siempre me han gustado las construcciones medievales, románicas y góticas. Sus imponentes muros y espacios consiguen aislar temporalmente al individuo de los problemas del día a día y elevarlo a un estado superior, menos viciado por el entorno.

Así pues, esta es la puerta que separa el interior del mundanal ruido exterior (sonidos, mensajes, conversaciones, problemas reales o ficticios,…). Tomo la foto desde fuera aunque en realidad no pocas veces me adentraría a buscar un momento de paz y recogimiento. Bueno, reservaremos dichos placeres para los viajes, esos que tanto anhelo y que pronto espero se hagan realidad.

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